venerdì, luglio 07, 2006

contame.. escucho

Las cuatro gracias: Vicenta, Nice (por Niceta), Manuela y Alejandrina. Vestían de negro siempre sin dejar ni un poquito de piel asomarse a la luz solar. Las tías, según refiere la historia, vivían en una casona a todo lujo sobre la avenida Alberdi. Muy creyentes, dos de ellas habían enviudado jóvenes, conservadoras en todo su sentido. Pertenecientes a la Liga de la Templanza (agua sí, vino no) muy bien relacionadas con el padre de la Iglesia de la otra cuadra, al cual colmaron de importantes donaciones. Era menester de la parte más joven de la familia ir a visitarlas de vez en cuando, gente que venia del campo, con modales impuestos y obligados a aceptar unos caramelos provenientes del bolsillo de las tías. Caramelos? recuerdos de caramelos al menos, quién sabe cuanto tiempo llevarían a la sombra. Educación, eran otras épocas, che. Saludabamos y nos dejaban ir a jugar a otro rincón de la casa, un museo viviente que hasta montacargas tenía para marcar la separación con el servicio doméstico. Oscuras señoras pero de buen corazón. Y eran otras épocas, tener coche era muy raro, las tías tenían uno para ir pocas cuadras. De viajar no se hablaba, eran otros intereses, otra sociedad. Vos sabés, Merceditas, que no habia heladeras en esa época... existía la barra de hielo. Al final siempre se dice que todo tiempo pasado fue mejor, pero porque se tiende a olvidar todo lo malo. Yo aún recuerdo esos caramelos, no se podía decir que no. Eran otras épocas, ahora de aquella casona hicieron un colegio.

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