Siempre encontré al parque de mi abuela como un lugar único en el mundo, que distaba de parecerse al parque de cualquier estancia vecina. Las piedras, gigantes, habian sido puestas ahí por una mano gigante q había pensado estratégicamente el lugar de cada una. Durante muchísimos años la fantasia y la realidad se me mezclaron notablemente, en ese jardín había pequeñas chozas de paja que habían sido habitadas por indiecitos (no eran para proteger alguna planta). Estaba el bosque de caperucita. Había lagartos. Había bancos de piedra que civilizaban la naturaleza pero sin romper la armonía.
De ese parque tengo memoria. De esa memoria tengo un parque.
Imaginé que si tuviera una heladera ideal para llenarla de lo que quisiera, pondría mucho queso crema, de distintos tipos, pero que no sean brillosos. Los brillosos no me gustan. Pondría pan para tostar, petit, cindor, queso y salchichón, huevos y danette.
Ya mencioné cuán cíclico es todo no? Alguien se quiere tatuar un círculo, y está muy bien. También la comida es cíclica, en mi es cíclica.
Uff, este fin de año.. el fin de año me pone así.. quiero ir al zoo pero no quiero q haya gente.
sabato, dicembre 04, 2004
Iscriviti a:
Commenti sul post (Atom)

Nessun commento:
Posta un commento